13 de Marzo 2004

Faltaban 200

Estábamos todos

Se llama Laura, tiene tres años, estaba sentada sobre los hombros de su padre, miraba las calles llenas de gente y dijo: “Estamos todos”. Se supone que Laura no tiene uso de razón, pero tenía razón. Allí estábamos los que van en coche oficial y los que vamos en metro y en trenes de cercanías, los que estábamos allí cuando mataron a personas que compraban en Hipercor, los que estábamos allí cuando asesinaron a Miguel Ángel Blanco, los que estábamos allí cuando asesinaron a Ernest Lluch, los que han nacido y crecido entre manifestación y manifestación por el derecho a vivir libres y en paz, y los que siempre deseamos que aquellas y esta vez fuesen la última vez.

Como entonces, sólo nos faltaban los muertos de entonces y los muertos de ahora. Muertos de once países que subieron al tren en Madrid y que ya nunca visitarán Barcelona, muertos como aquella niña polaca que alguien decidió que nunca cumpliese más de siete meses, muertos como podría estar cualquiera de nosotros por ir a trabajar en tren, o por ir a un supermercado o por pasar por una calle cuando algo estalla.

Pedían silencio los altavoces, pero cuando tanto dolor hace que ya no nos queden ni lágrimas para llorar, el grito escapa de los pulmones. “Asesinos, asesinos, asesinos”, decían unos. “Hijos de puta...”, gritaron otros, hasta que entendieron que llamar de esa manera a los terroristas es insultar a las prostitutas. Fueron gritos aislados, porque la mayoría respetuosa y silenciosa de siempre guardó el respetuoso silencio de siempre. Y porque toda palabra resulta inútil frente a los mensajeros de la muerte.

De nuevo una ciudad tan grande quedó pequeña para tanta gente que sólo desea que Laura y los hijos y nietos de Laura sean más libres y felices de lo que nosotros fuimos y somos. Por eso en una esquina de rambla Catalunya coincidieron neonazis, anarquistas y antisistema, pero ni se insultaron ni pasó nada. Fueron más demócratas que los que expulsaron de la manifestación a ciudadanos del Partido Popular. Porque allí cabíamos todos menos los terroristas y esos falsos demócratas que imitan sus métodos de baja intensidad. Por eso estábamos todos y por eso nos faltan los muertos.

JOAQUIM ROGLAN - 13/03/2004 (La Vanguardia)

<__trans phrase="Posted by"> Natasha <__trans phrase="at"> 13 de Marzo 2004 a las 04:47 PM
<__trans phrase="Comments">

Estamos todos, sin duda. Usted y yo y todos.

<__trans phrase="Posted by:"> Audrey <__trans phrase="at"> 13 de Marzo 2004 a las 06:35 PM
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